«El agua de los ríos se pierde en el mar»: la frase culpa a los ríos. La que de verdad botamos es otra.
Hace dos años estuve en Ghana, en África, visitando una planta que agarra lo que mandamos por el desagüe y lo convierte en electricidad, gas y abono. El hombre que la dirigía se presentó estirándome la mano: «Soy el jefe de recolección de caca». Lo dijo para llamar la atención.